Julius Evola

9. IMPORTANCIA DE LA TEORIA DE LAS "RAZAS INTERIORES"

 

La doctrina totalitaria de la raza precisa las relaciones existentes entre la raza y el espritu sobre la base de principios que ya hemos anunciado-. lo exterior es funcin de lo interior, la forma corporal es a la vez el instrumento, la expresin y el smbolo de una forma psquica. De la concepcin del tipo racial verdaderamente puro, tal y como lo hemos esbozado se deriva: es un tipo "de una pieza", un tipo armonioso, coherente, unitario. Es aquel en el cual las supremas aspiraciones espirituales de una especie dada no encuentran obstculo ni contradiccin en los rasgos de carcter y el "estilo" del alma, mientras que el alma de esta raza se encuentra a su vez en un cuerpo apto para expresada y hacerla manifestar.

Es evidente que no se puede encontrar tal tipo "puro" masivamente representado en los pueblos existentes hoy que, como se ha visto, corresponden esencialmente a "componentes" tnicos. Por lo dems, no podra serio mas que en una raza que hubiese permanecido suficientemente aislada de toda influencia heterognea, lo que corresponde solo a un concepto ideal, es decir, a una culminacin y a una realizacin tericas perfectas de la raza en sentido general. Se trata, efectivamente, de esas culminaciones a propsito de las cuales hemos dicho que los valores supremas de la personalidad se identifican con los de la raza.

Esta es la razn por la que en este mbito, las investigaciones racistas no pueden ser simplemente cuantitativas: sin ignorar, no obstante, los elementos exteriores comunes que predominan numricamente, aquellas deben proceder a una eleccin, buscar qu representante de una raza dada es el ms apto para encarnar el ejemplo ms completo y el mas puro de un estilo particular, de modo que pueda asumir y comprender lo que expresa y anima (es decir, su raza interior) y hacer sensible el sentido de la unidad original en la cual convergen las diferentes elementos de una raza. Una vez hecho esto, se puede tambin considerar el caso de tipos raciales menos puros, es decir, aquellos en los que la correspondencia entre los diferentes elementos, exteriores e interiores, no es completa ni perfecta, en los cuales se constata, por as decir, una distorsin del "estilo" de esta raza. Se trata pues de una gestin cualitativa, de una bsqueda basada sobre el examen interior sobre una facultad intuitiva e introspectivo. Naturalmente, la fisiognomia o ciencia de la fisonoma, juega aqu un gran papel: decir que "el rostro es la expresin del alma" es enunciar un lugar comn, pues el cuerpo (formas del crneo, proporciones de los miembros, etc.) tiene para el que sabe comprenderlo un lenguaje lleno de enseanzas. De aqu, la significacin precisa de ciencias tales como la craneologa, el estudio del esqueleto, etc., que a primera vista pueden parecen tcnicas.

En esta ptica, el racismo favorece pues una nueva sensibilidad con respecto del cuerpo, y, de forma ms general, de la forma fsica del ser humano. No es indiferente que un cuerpo tenga una u otra forma; no es algo fortuito y neutro. Cualquiera que sea sensible al tipo en el que todos los elementos del ser humano estn realmente unificados no puede sino sentir igualmente todo el aspecto trgico y negativo de los casos en los que tal unidad ha desaparecido. Un alma que vive el mundo como algo frente a lo que hay que tomar posicin, como el objeto de un combate y de una conquista, debera normalmente poseer un rostro en el que los rasgos enrgicos y ardientes reflejasen esta experiencia interior, junto con un cuerpo esbelto, grande, enrgico y recto, un cuerpo "ao" o "nrdico-ario. Imaginemos ahora el caso en que tal alma tenga inversamente por instrumento un rostro relleno y regordete, un cuerpo rechoncho y lento (una raza fsica en suma) que parece hecha para expresar una interioridad de un tipo muy diferente. Ciertamente la raza interior entrar en contradiccin, de algn modo, con ese cuerpo heterogneo y dar a los mismos rasgos otra expresin- encontrar pese a todo el medio de expresarse. Pero para utilizar una imagen de L. F. Claus, ser como si se tratase de interpretar con una ocarina una partitura escrita para un violn.

Lo que una educacin racial debe evidenciar, es el hecho de que en ese mbito igualmente el racismo est animado de un espritu clsico y propone un ideal humano conforme con este espritu. Quiere una exacta correspondencia entre lo interior y lo exterior, entre el contenido y el continente. Quiere seres de una pieza, en tanto que fuerzas coherentes y unitarias. Detesta y se opone a toda promiscuidad, a todo dualismo destructor y tambin consecuentemente, a esta ideologa romntica que se complace en una interpretacin trgica de la espiritualidad y supone que es nicamente a travs de una eterna oposicin, un sufrimiento, un incesante anhelo y una lucha confusa como se puede llegar a los valores extremos. La verdadera superioridad de las razas arias es, por el contrario, olmpica: esta se traduce por el sereno dominio del espritu sobre el cuerpo y sobre el alma que para reflejar (segn su estilo y las leyes que le son propias) la raza, se presentan a nosotros como adecuados medios de expresin. La teora de la raza interior es importante, pues pone en evidencia el aspecto mas deletreo de los cruzamientos y mestizajes: estos conducen a una dislocacin y a una contradiccin interiores a una ruptura de la ntima unidad de un ser humano de una raza dada. Tienen por efecto que las almas de una raza se encuentren en el cuerpo de otras razas, lo que provoca la alteracin tanto de la una como de la otra. Crean verdaderos inadaptados en el amplio sentido de la palabra, hasta que habindose agotado la fuerza interna en combates y en fricciones de todo tipo (y la que haya permanecido en un cierto lmite an "dominante" pierde as su cualidad) la raza interior se difumina para ser reemplazada por una substancia informe y dislocada que llevan los cuerpos en los que las caractersticas raciales iniciales eventualmente subsistentes no son mas que lejanos recuerdos, formas vacas de su significacin profunda. Es en este momento cuando los mitos internacionalistas y cosmopolitas, hijos de la susodicha ideologa de la igualdad espiritual fundamental del gnero humano, comienzan a convertirse en realidad.

Es pues en la direccin opuesta donde convendr actuar. El punto de partida es un examen interior destinado a descubrir cual es verdaderamente en nosotros el elemento fundamental, la "naturaleza propia" (o raza espiritual) a la cual es necesario ajustar nuestra vida y sede fieles ante todo. Es preciso obrar a fin de confedr a nuestro ser el mximo de cohesin y de unidad o, por lo menos, obrar de forma que en los descendientes se reunan las condiciones ms favorables sobre la base de lo ya obtenido- pues la influencia plstica formadora que una idea ejerce hasta en el plano somtico y biolgico (en la hiptesis en que ella tuviera una cierta relacin con el elemento interior primordial de la raza), es una realidad positiva que atestiguan ejemplos histricos bien precisos, tanto a nivel colectivo como a nivel individual.

En materia de poltica cultural, las consecuencias de la ciencia racial son igualmente claras. Como escribe L. F. Claus: "En la medida en que un conocimiento cientfico ejerce una influencia sobre la historia, el objetivo que se impone en ese mbito a la psico-antropologa es el siguiente: debe indicar las fronteras que ningn pueblo, ninguna comunidad de sangre y de cultura pueda franquear o abrir sin correr el riesgo de su propia destruccin. La bsqueda de las fronteras del alma constituye consecuentemente en la hora actual una tarea histrica". Hace esto alusin esencialmente a la tarea de defender y de favorecer (no solo entre los individuos, sino tambin en las naciones) la misma cohesin y la misma unidad, la misma correspondencia entre el elemento exterior y el elemento interior del que ya hemos hablado a propsito del individuo. Con esto, el tema central de las consideraciones desarrolladas hasta aqu a propsito de las relaciones entre raza y na cin aparecen claramente.

Lo que es igualmente bsico para una doctrina exhaustiva de la raza, es el superar los peligros d un relativismo y de un particularismo estrechos que pueden dar lugar cuando son expuestos de modo unilateral y extremistas. Es sobre todo en el mbito de la cultura y de la "raza del alma", estado intermedio entre corporeidad y pura espiritualidad cuando aparece la necesidad imperativa de definir y de defender ciertas fronteras interiores, de las que se deriva, segn la frmula de Goethe, un "lmite creador" y no paralizador (un lmite no para la va hacia lo alto, sino hacia lo bajo, hacia una promiscuidad sub-racial e incluso en el fondo subpersonal, la cual deja el campo libre a procesos de desnaturalizacion, de disgregacin y de rompimiento interiores.



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