Julius Evola

5. RAZA Y NACION

5. RAZA Y NACION

 

No hay racista, incluso el ms extremista que no est presto a reconocer que expresiones tales como "raza blanca", "raza alemana", "raza anglosajona", e incluso "raza hebraica", son cientficamente incorrec tas pues, en este mbito, conviene hablar de pue bios o de naciones, sabiendo perfectamente que e nuestra poca ningn pueblo ni nacin pueden pre tender corresponder a una raza nica, pura y horno gnea. Lo demostraremos rpidamente teniend presente que, hoy cuando se habla de raza, no s recurre a las grandes categoras generales de la an tropologa de ayer (la cual se contenta con hablar d raza blanca, negra, roja, amarilla, etc.), sino a la unidades tnicas ms individualizadas y ms originales que de una cierta manera, se podran compa rar a cuerpos simples (o elementos) que son la ideas de base de la qumica en su estudio de lo compuestos. Las naciones y los pueblos seran con secuentemente compuestos (ms o menos estable y homognea) de tales elementos. Para Deniker, por ejemplo, la palabra "raza" se refiere a un conjunto de caractersticas que se encontraban en el origen en un conjunto de individuos, pero que hoy estn desparramadas en proporciones variables en diversos grupos tnicos que son precisamente los pueblos y las naciones modernas, grupos que se distinguen unos de los otros principalmente por la lengua, el modo de vida, los hbitos etc.

Cules son entonces las relaciones que subsisten entre la idea nacional y la idea racial?

Dnde reside el elemento preponderante? en la nacin o en la raza? Por delicado que sea este problema, debe ser abordado, pues si muestra posicin adoleciera de falta de claridad, sera imposible penetrar en el sentido y el fundamento de todos los aspectos prcticos y "operacionales" del racismo y sobre todo del racismo selectivo. Al igual que los pueblos, las naciones son sntesis. Se puede coincidir en que los elementos que figuran en tal sntesis no son exclusivamente raciales cuando se concibe la raza como una entidad puramente tica y antropolgica. Pero esta concepcin no es la nuestra. Para nosotros la raza es una entidad que se manifiesta tanto en el cuerpo como en el espritu. Las diferentes formas de cultura, arte, religin, etc. son manifestaciones de la raza del alma y del espritu. De este modo los elementos no tnicos, ni antropolgicos que permiten definir una nacin pueden tambin convertirse en objetos de investigaciones "racistas".

Ahora conviene decir algunas palabras a cerca de las consecuencias del mestizaje. Revelemos, ante todo, que cuando razas heterogneas se mezclan el resultado no es solamente la desnaturalizacin en sus descendientes, de los rasgos caractersticos propios a los tipos puros correspondientes. En efecto, se observa una hibridacin mucho ms grave en cuanto a sus efectos, es decir una descendencia en la que la raza del cuerpo de un tipo dado no corresponde con la "raza del alma" ni con la "raza del espritu" que de modo normal deberan corresponder y a las cuales, en el origen estaban unidas: unas desavenencias e incluso frecuentemente, un desgarramiento interior que se deriva necesariamente.

En segundo lugar, es necesario detenerse sobre la generalizacin de los conceptos propios a las teoras de Mendel concemientes a la herencia de los caracteres "dominantes" y "recesivos". En un cruce, se puede dar que en los descendientes, durante una o varias generaciones, lleguen a predominar solamente las caractersticas de uno de los dos tipos, hasta el punto de hacer nacer la ilusin de que ninguna mezcla, ninguna bastardizacin o hibridismo tiene lugar. Esto no es ms que simple apariencia. Las potencialidades hereditarias (comprendidas las de otro tipo) se transmiten y actan en los descendientes, pero bajo una forma latente; son por as decirlo, "emboscadas" por el hecho de que durante un ciclo dado, slo ha predominado la influencia de las potencialidades hereditarias propias al primer tipo. Pero en uno o en otro nacimiento reaparecern, se afirmarn de modo visible y determinarn una forma correspondiente. Son esas caractersticas latentes las que definen la cualidad recesiva en oposicin a la otra llamada "dominante".

Mientras que en el mbito estrictamente biolgico y en el de las especies naturales (vegetales o animales) la funcin "recesiva" y la funcin "dominante" estn en su alternancia, sometidas a leyes objetivas e impersonales, su aplicacin a las razas humanas hace de nuevo intervenir el factor espiritual. Una cualidad permanece como "dominante" ms all de los cruzamientos que quedan encerrados en ciertos lmites, en tanto que subsiste una cierta tensin, una cierta presencia de s mismo, por as decir, de la raza. Cuando esta tensin disminuye, la cualidad "dominante" deja de ser tal y las influencias externas (obligadas hasta entonces a permanecer recesivas, es decir presentes nicamente de forma latente) se manifiestan a su alrededor.

Una vez precisadas esas nociones elementales en materia de doctrina de la raza, se puede afrontar el problema de las relaciones existentes entre raza y "nacin" y entre raza y "pueblo". Hemos dicho que las naciones como los pueblos son hoy, rigurosamente hablando, entidades tnicas mixtas que, bajo su forma actual proceden de diversas vicisitudes histricas. Las unas y las otras son puntos de succin no slo de diversas "razas del cuerpo" sino tambin de diversas "razas de espritu" las cuales constituyen el substrato ms profundamente escondido de los elementos de civilizaciones y de influencias culturales variadas. El punto de vista que prevalece en la era democrtica, en lo que concierne a las naciones, era de orden historicista y agnstico: se evitaba el problema del origen y de la formacin de las naciones aceptando la situacin como "hechos consumados", de una comunidad dada y esforzado simplemente en mantener segn un cierto equilibrio, las diversas fuerzas que actan en su seno, a veces incluso de forma contradictoria.

Con el racismo, los nuevos conceptos de Estado y de nacin definidos por el fascismo cambian. El problema de los orgenes no pueden ser eludido en la medida en que se reconoce que la lnea de conducta poltica no puede ser un "sistema de equilibrio" sino de firme direccin del Estado y de la nacin por una lite, por un ncleo que representa el elemento ms vlido y ms digno en relacin a cualquier otro. Es entonces cuando el problema de la formacin de las naciones exige que se le replantee en un marco bien diferente del antiguo, y desde una perspectiva exclusivamente historicista. En el origen de toda verdadera tradicin nacional, vemos una raza relativamente pura y homognea al menos en tanto que raza dominadora con respecto a otras razas que se le someten. Se constata as que en el curso de los siglos, esta raza original ha atravesado vicisitudes en las ue ha perdido su vigor, o en que influencias extraas han causado por formar parte de unidades poltico-sociales creadas por ellas en las que las leyes naturales y espirituales, se manifiesta un mestizaje por ese mismo hecho de haber sido acogidos elementos propios de otras razas -con lo cual lo que haba conservado hasta entonces un carcter "dominante" no persista ms que bajo una forma sofocada, "recesiva". Por otra parte, se constatan igualmente resurgimientos espordicos de la raza y de la tradicin originales, una tendencia a mantenerse pese a todo, a liberarse, a dar lugar de nuevo a formas y a creaciones fieles a su propia naturaleza.

Conforme a este nuevo modo de ver debe ser escrita y enseada toda nuestra "historia nacional", no en vistas a un conocimiento abstracto o de estriles recriminaciones, sino a promover decisiones de orden interior y una formacin de la voluntad bien precisa. Es preciso, consecuentemente, impregnarse de esta idea de que en la tal "nacin" ha existido y existe siempre una "raza superior'. Todo lo que viniendo del exterior, de razas diferentes, se aade a la tradicin nacional unida de esta raza, no tiene, ni tendra en principio, un valor positivo sino en la exacta medida en que los orgenes raciales de los que sta procede sean similares, y cuando prevalezcan condiciones gracias a las cuales el ncleo original pueda mantener, ante todo en el mbito espiritual, su cualidad "dominante". Si ste no es el caso, ese aadido es pues algo intil, paralizante o incluso disolvente.

En lo que concierne al futuro, si evidentemente se debe tender a mantener la cohesin y la integridad de los sistemas correspondientes a un pueblo dado, se debe igualmente ser conscientes del peligro consistente en "dejar hacer la historia". Es necesario, por el contrario, actuar a fin de que la parte racialmente ms vlida de la nacin se conserve e, incluso, se desarrolle a lo largo de las generaciones futuras y que universalmente los componentes menos vlidas (o simplemente secundarias) no se extiendan y se refuerzan hasta el punto de prevalecer.

Es en las diversas vicisitudes y en las diversas pocas de la historia nacional donde un ojo despierto deber precisamente habituarse a reconocer los aspectos ocultos y sobre el plano racial, a descubrir la alternativa de influencias de elementos que de recesivas se consienten en "dominantes" (y viceversa), y del cual proceden perodos o ciclos que no son solo las etapas de un proceso homogneo y continuo sino sistemas y manifestaciones de una u otra de esos componentes que por consentimiento son asociadas al curso de la historia.

Desde este punto de vista, "la raza" significa sin duda alguna, algo ms que la simple nacin, es el elemento dirigente y formador de la nacin y de su civilizacin dominante. Y esto es perfectamente con forme con las ideas fascistas. El fascismo (diferent en esto del nacional-socialismo y superndolo) rechaza de hecho, el concebir la "nacin" fuera del Estado. Para el fascismo es el Estado el que da forma y conciencia a la Nacin. Pero el Estado, no es una entidad abstracta e impersonal, segn la idea fascista, el Estado es tambin el instrumento de una lite poltica de los mejores elementos de la nacin. Con el racismo, se da un paso adelante; esta lite est destinada a retomar la antorcha de la raza y de su tradicin ms elevada, presente en la componente nacional. Y cuando Mussolini deca en 1923: "Roma es siempre, como maana y en los siglos venideros, el potente corazn de nuestra raza; es el smbolo imperecedero de nuestra vitalidad" indicaba ya sin inequvoco la direccin de una decisin ineluctable: la raza ideal de la nacin italiana, es la raza de Roma, esa que hemos justamente calificado de aoromana.

Recordemos igualmente lo que deca Mussolini en 1923 dirigindose a la lite fascista: "Vosotros representis realmente el prodigio de esta vieja y maravillosa raza que ciertamente conoci horas sombras, pero jams las tinieblas de la decadencia. S apareci por momentos eclipsada, fue siempre para renacer con ms claridad an". Todo esto corresponde exactamente, a lo que hace poco habamos expuesto en trminos de "racismo" contemplando la persistencia hereditaria de la raza primordial y de las vicisitudes nacidas de la alternancia de las formas "dominantes" y "recesivas" en el curso del desarrollo de las historias "nacionales".



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