Julius Evola

4. HERENCIA RACIAL Y TRADICION

 

Cul es en particular el significado sobre el plano interior de la ley de la herencia, tal y como puede ser vivida?

Este significado es doble. Consiste en primer lugar en una superacin de la concepcin liberal, individualista y racionalista por la conciencia racista, el individuo no es una especie de tomo, una entidad en s que vive y tiene sentido solo por s misma. El racismo concibe y valoriza por el contrario al individuo en funcin de una comunidad dada ya sea en el espacio (en tanto que raza de individuos vivos) o en el tiempo (en tanto que unidad de un linaje, de una tradicin o de una sangre). En lo que concieme al primer aspecto (es decir, el valor del individuo como funcin orgnica de un todo en el espacio) se constata una convergencia del racismo. En cuanto al segundo aspecto (a saber, la unidad en el tiempo) la conciencia racista atribuye una significacin a la vez ms viva, ms estimulante y ms interior que lo que la concepcin ms consciente de ese trmino entiende por "Tradicin". Pues efectivamente se ha dado muy a menudo a esa palabra un sentido puramente historicista, cultural y "humanista" (cuando no se ha cado claramente en la retrica). Cuando po tradicin se entiende la suma de las creaciones, de las adquisiciones y de las creencias heredadas de nuestros predecesores, aun estamos lejos de pone de relieve lo esencial, el substrato ms profundo de toda tradicin digna de ese nombre. Ese substrato es la sangre, la raza, el sentimiento de estar unida menos a las creencias de nuestros ancestros que a las fuerzas mismas de donde dichas obras precederan (fuerzas que perduran en nuestra sangre, en los pliegues ms misteriosos y sagrados de nuestro ser). De este modo, el racismo vivifica y hace palpa ble el carcter de tradicin: habituar al individuo a ver en nuestros conceptos, no a una serie de "muertos" ms o menos ilustres, sino la expresin de alg que vive an en nosotros y a lo cual estamos unido interiormente. Somos portadores de una herenci que nos ha sido transmitida y que nosotros debemo transmitir -y en estas condiciones, hay algo que su pera al tiempo, algo que comienza a hacer present lo que hemos llamado la "raza externa".

Vayamos no obstante a la segunda significaci de la concepcin racista, aquella gracias a la cua comprendemos como el racismo es la exacta refuta cin de las teoras lamarkianas y tambin en parte de las teoras marxistas concernientes a la influencia del medio. Es falso pretender que el medio determina a los individuos y a las razas. Ya sea natural, histrico, social o cultural, el medio puede unicamente influir sobre el "genotipo" es decir, sobre la manera como, exteriormente y de un modo contingente, se manifiestan en un individuo o en un grupo dado ciertas tendencias hereditarias y de raza que sern siempre el elemento primero, original, esencial e incoercible. Ser racista significa, pues, tener una conciencia y conocimiento preciso del hecho de que son fuerzas arraigadas en lo ms profundo de nosotros (y no las influencias mecnicas e impersonales del medio) las que verdaderamente son determinantes para nuestra existencia, nuestro carcter y nuestras vocaciones. Punto de vista que, entre otras, nos lleva a nuevas perspectivas histricas: tomando as la contrapartida de la teora del medio, se rechazar igualmente la idea segn la cual las grandes civilizaciones del pasado haban sido determinadas por su situacin geogrfica, las condiciones cismticas e incluso histricas en el estrecho sentido de la palabra, tanto como por la economa. Por el contrario, en el hombre la fuerza decisiva que a veces incluso en su medio hostil, ha dado formas a las diversas civilizaciones (sin embargo, es preciso repetirlo, no el hombre in abstracto, sino el hombre en tanto que representante de una raza tanto corporal como espiritual). Esta raza exterior e interior no es solo la causa de que en el conjunto de un pueblo dado, una vocacin dada sea el hecho de grupos de individuos dados: es tambin en funcin de ella que en un medio y en sus pocas dadas haya nacido una civilizacin de guerreros ms que de comerciantes, de ascetas ms que de humanistas etc. Se muestran, una vez ms, decisivas esas fuerzas fatales y fatdicas que viven en nosotros, dan forma a nuestra naturaleza propia y estn unidas al misterio de los orgenes.

Cuales son las relaciones que mantienen el individuo y de un modo general la personalidad humana con tales fuerzas? Algunos podran creer que con el racismo se cae en una nueva forma aunque interiorizada de determinismo: la raza sera todo y la personalidad en tanto que tal, nada. Es esta la razn por la que a veces se viene a sospechar un vago colectivismo, un retorno al espritu del Clan, a la promiscuidad de la orda salvaje. Pero la realidad es bien diferente, se puede decir con razn que -si el individuo no existe fuera de la raza, en un cierto modo la raza no existe fuera del individuo o, mejor, de la personalidad-. Si se quiere dar todo su sentido a esta formulacin, conviene acordarse del contenido aristocrtico de expresiones tales como "ser de raza" o "tener raza". De un modo algo paradjico, se podra decir que la raza no existe verdaderamente sino en aquellos de sus representantes que realmente "tienen raza". En otras palabras, la raza es una herencia al mismo tiempo que un substrato colectivo, puesto que tiende a expresarse en todos y de un modo o de otro alcanza en algunos una plena y perfecta realizacin. Y es justamente aqu donde se afirma la accin y la significacin del individuo, de la personalidad. En los hombres verdaderamente supeores, la raza se cumple alcanzando un nivel que es, al mismo tiempo, el de los valores de la verdadera personalidad. La herencia racial puede compararse a un patrimonio recibido de los ancestros y transmitida a los herederos. No hay ningn determinismo, ya que se ha acordado las descendencias una total libertad de usada a su gusto: puede hacerlo todo por conservados y aumentados y hacerlos fructificar.

As como por el contrario puede escoger el disipada y reducida a la nada. De lo que un ancestro tanto espiritual como biolgico le ha transmitido, el individuo puede pues, si permanece fiel a su raza, extraer las fuerzas necesarias para alcanzar una perfeccin personal y representar la encarnacin del ideal ntegro de una raza. Al igual que puede contaminar esa herencia, dilapidaria, ponerla al servicio de determinismos a la que dan lugar mezclas de sangre y mestizajes de tal tipo que sta, tarde o temprano, ser sofocada por influencias paralizantes o disolventes.

Por esta razn, si la conciencia racista reconoce la significacin y el papel de la personalidad en la raza, aspira, por otra parte, a despertar en el individuo el sentido exacto de sus responsabilidades en cuanto al uso de su libertad con respecto del patrimonio racial. Tanto biolgico como espiritual que una larga cadena de generaciones le ha transmitido.



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