Julius Evola

17. CAMPO HISTORICO DEL RACISMO FASCISTA

De cara a suministrar a las ideas expuestas hasta aqu un marco verdaderamente completo, conviene, para finalizar, decir algunas palabras sobre el "campo histrico" del racismo.

El valor de toda idea verdaderamente creadora y renovadora no depende de circunstancias contingentes sino que procede del hecho de que se injerte sobre un conjunto de exigencias histricas confusas, organizndolo de modo positivo en una direccin precisa. Poseer consecuentemente el sentido del "campo histrico" de una idea es una condicin imprescindible para que pueda manifestar plenamente sus efectos.

En lo que concierne al racismo conviene recordar brevemente las grandes lneas de una interpretacin general de la historia basada sobre la cuatriparticin social propia a todas las antiguas civilizaciones de tipo tradicional desde las de origen ario-oriental hasta el Imperio Romano Germnico medieval.

Segn esta cuatparticin se encuentran en la cima de la jerarqua los jefes espirituales; seguidamente viene la aristocracia guerrera a la que est subordinada la burguesa, despus viene la casta servil.

Es sobre todo a Ren Guenon a quien se debe el haber evidenciado que el sentido de lo que se llama "progreso" no ha sido otra cosa sino la decadencia sucesiva del poder y del tipo de civilizacin que le estaba unido; decadencia que se ha extendido de una a otra de las cuatro castas a travs de las cuales la jerarqua evocada ms arriba se defina. La poca en que los jefes espirituales (bajo una u otra forma, por ejemplo, como reyes sagrados) detentaban la autoridad suprema, se remonta casi a la prehistoria. El poder desciende despus un grado, es decir que pasa a manos de las aristocracias guerreras: esto desemboca en un ciclo de civilizacin en la que los reyes son esencialmente jefes guerreros. Este es el cuadro que presentaba aun ayer la Europa con las diversas dinastas tradicionales.

Las revoluciones (liberales y democrticas) producen una nueva caida: el poder efectivo pasa a manos de la burguesa bajo las diversas formas de oligarquas plutocrticas con sus "reyes" del orden, del petrleo, del oro, del acero, etc. Finalmente, la revolucin socialista y el movimiento comunista parecen ser el preludio [recordemos que este texto fue escrito en 1938] de la fase final, de la caida, pues la dictadura del proletariado habra significado el paso del poder al equivalente moderno de la ltima de las antiguas castas arias: la de los sudras, las masas informes y materializadas de los siervos. En varias de nuestras obras hemos desarrollado este tipo de concepcin.

Conviene revelar que la jerarqua evocada antes, lejos de haber sido el fruto de circunstancias constituyentes, procede por el contrario de razones de orden "analgico" bien precisas. Esto refleja la misma diferenciacin y la misma jerarquizacin existente entre los elementos de un organismo humano normal, por analoga, el estado aparece como un "hombre en grande". A este respecto, los jefes espituales correspondan a las funciones pertenecientes en el organismo humano al espritu, al ncleo sobrenatural de la personalidad; la burguesa a los procesos propios a la economa orgnica; los siervos a todo lo que en el ser humano designa el determinismo inherente a la pura corporeidad.

De esta analoga se deriva una importante consecuencia: todo ser humano tiene un rostro, una cualidad y una personalidad propias que estn en funcin de dos principios superiores: el espritu y la voluntad. Cuando estas ltimas no prevalecen se cae en lo indiferenciado y subpersonal. Ahora bien, la exactitud de la analoga evocada ms arriba se encuentra confirmada por el hecho de que las pocas abiertas con el advenimiento de las dos ltimas castas presentan exactamente las caractersticas propias a las fuerzas que, en el ser humano corresponden por analoga: cuando el poder no es detentado ni por los jefes espirituales ni por una lite aristocrtica sino usurpado por el tercer estado, por las oligarqua plutocrticas y por el mundo de masas materializadas, acaba por oscurecer todo lo que es sentimiento natural de pertenecer a una nacin, a una sangre, a una raza, a una casta: lo que desaparece consecuentemente es pues todo aquello a lo que las diversas sociedades humanas deban sus diferencias cualitativas, su personalidad, su dignidad. Inversamente, lo que las reemplaza es el cosmopolitismo, el internacionalismo, la nivelacin colectivista, la estandarizacin; todo esto situndose en virtud de una necesidad lgica; bajo el signo de una mezcla de racionalismo y materialismo. De forma que en esos tipos crepusculares de civilizacin se ha podido concebir seriamente que la economa sea la suprema ley histrica (Karl Marx) y que esas ltimas hayan creado en el lugar de las antiguas leyes "superadas" una supersticiosa religin de la ciencia y la tcnica y junto con el mito colectivista hayan favorecido el advenimiento de una civilizacin y una cultura mecanicista primitivista, obscuramente irracionalista y sin alma.

Aun tratndose de un simple acercamiento al tema, el marco histrico que acabamos de dibujar es suficiente para hacer comprender de modo definitivo, en materia de educacin racial, la legitimidad de las reivindicaciones de la sangre y la raza. El fascismo y los otros movimientos polticos de inspiracin anloga se han afirmado como una rebelin y una voluntad de reconstruccin ms all del crepsculo de la civilizacin occidental. Estn pues destinadas a dar un relieve creciente a los valores y a los principios referidos a los dos primeras funciones de la anteriormente citada cuatriparticin. Es pues una necesidad lgica que adems de unirse al rechazo fascista del internacionalismo y del cosmopolitismo, reaparezcan en el primer plano las ideas absolutamente irreductibles a todo lo que sea mecanicista, determinista y sin duda ya se trata en el plano puramente material de la economa como en el plano del mito racionalista-. y esos valores no pueden ser otros que los de la sangre y la raza; grupos humanos bien diferenciados por las fuerzas profundas de los orgenes, fuerzas que prevalecen y se afirman sobre todo lo que no es puro determinismo econmico, matealismo masificador, cultura burguesa y disgregacin individualista. Pues es precisamente de tales fuerzas de donde proceden esas "cualidades de raza" que como hemos visto implican, siempre algo de aristocrtico y paralelamente trascienden el restringido horizonte del individuo, cualidades que no se fabrican, que no son intercambiables sino que estn unidas a una dignidad bien precisa y a una tradicin.

Todo esto basta ampliamente para un primer acercamiento al "campo histrico" de la doctrina de la raza y de la significacin que debe revestir para el fascismo implcitamente podemos deducir que este es el eje sobre el que convendra que dearrollsemos interiormente esta doctrina.

All donde el fascismo ha tomado posicin claramente (sea contra el mundo de las masas colectivizadas y mecanizadas, sea contra el racionalismo surgido de la filosofa de las luces, la civilizacin burguesa en general y la plutocracia en particular) las formas correspondientes a las dos ltimas fases de la decadencia europea (la de las castas inferiores de la antigua jerarqua ada: la de los siervos y la de los comerciantes, sudras y vaishas, tercer y cuarto estado) esas formas han sido en principio superadas. Pero es preciso ir ms lejos, es decir, obrar de forma que en esta civilizacin en gestacin sean de nuevo determinantes los valores as como los modos de ser y de sentir propios a las dos primeras castas, la aristocracia guerrera y la soberana espiritual.

En conformidad con esto conviene pues desarrollar en dos direcciones la doctrina fascista y consecuentemente concebirla como un todo al cual hemos intentado dar sentido en las pginas precedentes. Ante todo est la raza, sta, adems de su aspecto biolgico y antropolgico, reviste de forma cada vez mas clara, un significado igualmente heroico y aristocrtico. La comunidad de sangre o de raza ser la premisa de base. Pero en el interior de tal comunidad, un proceso de seleccin adecuada fijar ulteriores jerarquas en funcin de las cuales podr nacer algo semejante a una nueva aristocracia: un grupo que (no solo sobre el plano fsico, sino en trminos de alma heroica, de estilo hecho de honor y fidelidad) testimoniar la raza "pura", es decir, la verdadera raza o raza ideal.

Se abre as ante nosotros un vasto y fecundo campo para diversas sntesis entre los principios racistas y los leit-motivs de la de la "mstica" y de la tica fascistas que permiten permanecer fieles a lo mejor de nuestras tradiciones y tambin prevenir ciertos "virajes" colectivistas y socializantes que la equivocada utilizacin hecha del racismo en otros pases ha permitido verificar. El racismo en segundo grado (o racismo de las razas del alma) tiende por su parte a precisar los principales lneas de fuerza de una accin en este sentido.

Para la ltima fase de reconstruccin, es decir, el problema de los jefes espirituales, es aun en el "mito ario" comprendido tal y como fue en los orgenes donde se podrn encontrar las mejores puntos de referencia. Forzado es desgraciadamente constatar que en cierta medida "ario" tiene casi el significado de "antisemita" y que incluso en el mbito legislativo esa palabra tiene solo una significacin negativa ya que indica nicamente lo que no se puede ser, siendo calificado de ao, uno no es de sangre juda o de color y punto, eso es todo. Convendra reaccionar contra la banalizacin de ese concepto. En su integridad, el trmino ario deber por el contrario significar para las nuevas generaciones, as como para sus educadores, una "raza del espritu" y ms precisamente de tipo "solar" o "heroico" en el sentido particular que hemos dado a este segundo trmino.

Sobre esta va, el racismo fascista acabara por liquidar definitivamente toda sospecha de "materialismo" o de "zoologismo" que algunos alimenta al respecto. Lejos de excluirlo, es por el contrario en el mbito propio a una realidad supramundana y supratemporal donde acabara por encontrar su coronacin natural y por concretizar, refirindose a una tradicin original bien precisa profundamente enraizada, esta aspiracin fascista de dar igualmente a la Revolucin un significado "religioso" y de hacer un verdadero renacimiento en el mbito de los valores supremos.



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