Julius Evola

16. EL ARQUETIPO DE NUESTRA "RAZA IDEAL"

Cules son las caractersticas de nuestro arquetipo? Exteriormente es de elevada estatura y con anchas espaldas en los hombres- sus miembros estn bien proporcionados, es delgado, enrgico, dolicocfalo (aun cuando menos que el tipo propiamente nrdico). Sus cabellos son morenos; a diferencia de algunos tipos menos puros mediterrneos, sus cabello no son rizados sino ondulados; los labios son finos y las cejas no son gruesas. La nariz es fina y alargada, recta o ligeramente aguilea. El maxilar inferior es bastante desarrollado aunque menos pronunciado que en el tipo nrdico, expresa un tipo activo y pronto para el ataque.

Los ojos pueden ser castaos, azules o grises. Mientras que en los tipos mediterrneo-itlicos de extraccin menos noble, la mirada es a menudo inquieta, apagada o melanclica, en l la mirada tiene movimientos precisos y decididos (aquel que "mira a la cara", recto frente a l: una mirada penetrante que no pestaea sin comparacin con aquella otra oblicua o llena de malicia de los mediterrneos mezclados con elementos levantaos). La costumbre de gesticular (que muchos creen una caracterstica italiana) le es extraa: ciertamente sus gestos son expresivos pero no tiene nada de impulsivo o de desordenado; son gestos que, lejos de indicar el predominio de la parte instintiva de s mismo son la prolongacin de un pensamiento consciente. Sus capacidades de reaccin son mayores que en el tipo nrdico del mismo origen, as como su dinamismo (el cual no obstante permanece siempre lcido y controlado, a cien leguas de la febrilidad o de la vulgar exuberancia).

Tales son, segn algunos autores racistas, las virtudes cardinales del antiguo tipo romano de raza nrdico-aria: la audacia consciente, el dominio de s mismo, el gesto conciso y ordenado, la resolucin tranquila y meditada, el sentido del mando audaz. Cultiva una virtus que no significa "virtud" en el sentido moralizante y estereotipado de la palabra, sino como virilidad intrpida y fuerza; la forttudo y la constancia, es decir, la fuerza del alma- la sapiencia, es decir, la sabia reflexin; la humantas y la disciplina en tanto que severa formacin de s mismo sabiendo valorar la riqueza interior de cada uno; la gravitas o dignitas, dignidad y serenidad interior que en la aristocracia se subliman en solemnitas, en ms solemnidad mesurada. La fieles, la fidelidad, virtud aria, era igualmente la virtud romana por excelencia. Tan romana como as mismo eran: el gusto por la accin precisa y sin ostentacin; el realismo que como ha sido justamente sealado no tiene nada que ver con el materialismo- el ideal de la claridad, el cual, incluso reducido, se debilita en racionalismo, es un eco de la mentalidad llama "latina"- eco ms fiel en este mbito a la esencia original que el alma romntica de ciertos tipos humanos fsicamente ms "nrdicos". En el hombre antiguo ario romano, la pietas y la religio no tenan gran cosa que ver con la mayora de formas ulteriores de religiosidad: era un sentido de respeto y de unin con las fuerzas divinas y de una manera general, suprasensibles y de las cuales tenan intuicin de que formaban parte de su vida individual o colectiva. El tipo ario romano ha desconfiado siempre de todo abandono del alma y del misticismo confuso, de igual modo ignoraba toda servidumbre respecto de al divinidad. Senta que no era solo en tanto que individuo desgarrado y manchado por el sentido del pecado y la carne como poda rendir a la divinidad un culto digno de ella, sino en tanto que hombre ntegro (el alma en paz, capaz de presentir las direcciones en las cuales una accin consciente y determinadora poda ser la prolongacin de la misma voluntad divina).

En cuanto al mundo y la sociedad (res publica), el hombre ario y ario romano de los orgenes los conceba como census, es decir, como un conjunto de naturalezas distintas unidas entre ellas, no por la promiscuidad sino por una ley superior, como ocurra igualmente con el ideal de la jerarqua, en el cual el sentido de la personalidad y de la libertad se concilia con el de una unidad superior. Ni liberalismo, ni consecuentemente, socialismo o colectivismo: a cada cual lo suyo, sumum unique. La mujer situada ni muy abajo (como en ciertas sociedades asiticas), ni muy arriba (como en otras sociedades en las cuales prevalecen las razas lunares y demetracas). Existe no obstante cierta distancia, tanto de la mujer, como de las preocupaciones por los asuntos sexuales y una clara afirmacin del derecho paterno, de la autoridad vidl del jefe de familia o de la gens sentimiento enfin casi "feudal" de responsabilidad y de fidelidad de este ltimo con respeto al Estado.

Tales son pues los elementos propios del estilo romano y ario romano del alma y del espritu: se trata no obstante de ver, poco a poco, cuales son sus correspondencias orgnicas con la forma fsica de tipo ario-italiano superior evocado anteriormente, a fin de incorporar esos elementos en el ideal vivido de nuestra "raza ideal".

Contra ms convierta en realidad tangible tal tipo, ms se difundir un ambiente espiritual colectivo particular. En la medida en que precisamente los tipos raciales sean hbridos y consecuentemente acten diversas componentes raciales en el interior de los individuos, el papel jugado por el medio gana importancia (no en el sentido de crear artificialmente y del exterior al o ue no existe sino favoreciendo la manifestacin y la preeminencia de una de esas componentes e incluso de varias. Imaginemos una civilizacin en la que predominan concepciones de tipo levantino y antiracistas: fatalmente llegara la hora en que incluso entre los pueblos en que la sangre aria y nrdica es mayoritaria (excepcin hecha de los casos de reaccin debidas a un brusco despertar) aparecer en la superficie y prevalecer lo que (en cada uno y en cada pueblo de modo ms general) corresponde a la antiraza y a las escorias dejadas por una sangre inferior y contaminada. Igualmente, all donde el afroditismo, el dionisismo u otro tipo de "raza del espritu" dieron el tono a toda una civilizacin, en virtud de la ley que dice que "lo semejante llama a lo semejante" se constatar una neta evolucin sobre el plano racial: la herencia correspondiente se volver "dominante" mientras que inversamente se volver "recesiva" y reducida a la impotencia la herencia tambin presente de los elementos de raza aria (razas solar y heroica, por ejemplo).

Es preciso, pues, ser perfectamente conscient de que en un medio saturado de fuerzas espirituales y de vocaciones heroicas es donde se encuentra e clima que exige nuestra "raza ideal" para elevarse jugar un papel decisivo en el futuro de nuestra nacin.



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